junio 23, 2017

Gestantes ¿altruistas?, de Laura Freixas

Es fácil minimizar lo que suponen un embarazo y un parto si no se escucha a las mujeres. Laura Freixas es escritora.

Manifestación contra una feria de agencias de gestación
Manifestación contra una feria de agencias de gestación
La primera vez que participé en un debate sobre gestación subrogada, hubo una pregunta que no supe contestar. Era en la radio, y los otros invitados eran padres de hijos nacidos por ese método. Yo iba armada hasta los dientes de argumentos contra la mercantilización del cuerpo femenino, pero me quedé en blanco cuando me preguntaron: si es altruista, ¿la prohibirías también?
¿Cómo? ¿Altruista? ¿Donación gratuita de embarazo? ¿Existe tal cosa?
Parecía difícil de creer, de modo que decidí informarme. Leí reportajes, presencié debates, escuché a famosos en la tele, vi el documental Surrogacy... Al cabo de un tiempo, observé algo curioso. Y es que en todos esos espacios, quienes se expresan son mayoritariamente hombres. Occidentales, de clase media para arriba, que son padres por gestación subrogada o podrían serlo. También, aunque muchas menos, mujeres madres por el mismo sistema. Por último, profesionales. ¿No falta algo? ¿Alguien? Sí, claro: las gestantes. Esas de las cuales los “padres de intención”, o las ginecólogas o abogados ligados a una agencia, nos aseguran que “lo hacen porque quieren”, “es un acto de amor”, “les gusta estar embarazadas”... Yo preferiría escucharlas a ellas.
Imposible. No están. Apenas se las ve ni se las oye. Bien mirado, eso no solo se aplica a las gestantes subrogadas, sino a todas las madres. ¿Qué piensan, qué sienten, qué quieren? Miren alrededor: ¿cuál es la imagen-tipo? Hay dos. Una es terrible, aunque de puro habitual no nos escandaliza: la de un vientre sin cabeza. Es decir, no una persona (la cara es lo que nos humaniza), sino un recipiente. La otra es el modelo por antonomasia de la mujer en nuestra sociedad: la Virgen. La que se sometió a un proyecto ajeno (“Hágase en mí según Tu voluntad”), acogiendo en su cuerpo, sin pedir nada a cambio, a un hijo que no era suyo. La “gestación subrogada altruista” tiene ilustres precedentes.

Apenas si se oye a quienes, según los “padres de intención”, o las ginecólogas o abogados ligados a una agencia, nos aseguran que “lo hacen porque quieren”
Vuelvo, pues, a mi pregunta. ¿Cómo es un embarazo, eso que nos aseguran que miles de mujeres “regalan” por amor? A falta de testimonios transmitidos por la cultura, me basaré en mi experiencia. La gestación consiste en nueve meses de náuseas, limitaciones, cansancio, pruebas médicas, deformación del cuerpo... seguidos de veinticuatro horas o más de dolor, miedo, desgarros, riesgos para la salud y hasta para la vida. Todo eso en un platillo de la balanza. En el otro, el deseo de acunar un bebé, verle crecer, tener una hija o hijo para toda la vida... Pero en el caso de las “gestantes altruistas”, ¿qué hay en ese otro platillo? ¿Solo la satisfacción de haber hecho un favor a unos desconocidos?
Fui cayendo en la cuenta de algunas cosas interesantes. Por ejemplo, que el embarazo altruista por cuenta ajena sería un caso único de generosidad de pobres hacia ricos. Curioso. Curiosa también la prohibición de arrepentirse. Quien regala puede dejar de hacerlo; pero si la que “regala” un embarazo decide abortar o quedarse el bebé, se la castiga con una indemnización exorbitante. Y por cierto, caí también en la cuenta (me costó, pero terminó por encendérseme la luz) de que los contratos de subrogación “altruista” incluyen una “compensación por las molestias”. Vaya. ¿Y en qué consiste? En dinero. Creo que nos vamos entendiendo.
A estas alturas, ya solo me quedaba una pregunta: ¿por qué tantos “padres de intención” y también las (escasas) gestantes que se expresan, repiten como un mantra lo del “altruismo”? Permítanme un rodeo: echemos un vistazo a los anuncios de “contactos”. “Chicas viciosas”, “cachondas”, “morbosas”... ¿Acaso follan por lascivia? Si es así, ¿por qué cobran? “Rellenita pechugona, 30. Dos chicas, 50”. Y si lo hacen por dinero, ¿por qué se llaman “viciosas”? La respuesta no es difícil: el contratante no solo compra un cuerpo, sino la comedia de “vicio” necesaria para no ver el odio, asco, desprecio o simple aburrimiento de la contratada. ¿Comulgan los clientes con semejantes ruedas de molino? Hasta puede que sí. Pues todo encaja: la iconografía de las mujeres como objetos; la idea de que han venido al mundo para servir a los hombres; la poca voz que tienen. Es fácil minimizar, frivolizar, lo que supone un embarazo y parto o la vida en un prostíbulo cuando no se escucha a las mujeres; y es mejor no escucharlas para no poner en peligro la buena conciencia del cliente.
Por mi parte, si vuelven a preguntarme sobre la gestación subrogada “altruista”, diré que soy mayorcita para creer en los cuentos de hadas.

OTRO ASUNTO. Hoy en Perroflautas del Mundo:  El tabú de la muerte y los políticos, de Fernando Pedrós

 

 

junio 22, 2017

Cómo hacer tu propio minitúnel de manera económica


Posted on 22 marzo, 2017huertaelcampichuelo - https://huertaelcampichuelo.wordpress.com/2017/03/22/como-hacer-tu-propio-minitunel-de-manera-economica/

Este año hemos decidido probar la funcionalidad de los minituneles en las condiciones climatologícas de Ribatajada ( Campichuelo, a 900m de altitud). Os voy a dar los presupuestos para hacer un minitunel de 25 m de largo, nosotrxs hemos puesto varixs. Vamos a probar si adelantamos dos o tres semanas la producción de acelga, espinaca y lechugas. Para ello, hemos puesto las plántulas tanto dentro como fuera de los minitúneles el mismo día con el mismo riego para ver si hay diferencias significativas.
Lo primero que hemos hecho es hacer una lista de cosas necesarias para ponernos manos a la obra:
  1. Tubos de PVC de 20mm de diámetro para hacer las piquetas( los compramos en Pereda, Leganés a unos 2,5euros cada tubo de 5m). Para hacer 25m de minitunel necesitaremos 60 piquetas de 25cm de longitud, por lo tanto tendremos que comprar 15m de tubo.
  2. Alambre para hacer las arandelas en los segmentos de tubo de PVC. Con 4m tendremos suficiente. A esto no le pongo precio porque es irrelevante.
  3. Aros para minituneles de 2m. 0.5 euros cada uno. Necesitaremos 26.
  4. Manta térmica. Nosotrxos la compramos por rollos, así que los 30 m (hay que dejar sobrante para atar los finales del minitunel tal y como se ve en las fotos) salen a unos 10 euros.
  5. Cuerda para fortalecer al estructura y para atar la manta términca a la misma.
Presupuesto

Lo primero que hicimos nosotros fue hacer todas las piquetas, cortando el tubo de PVC en trozos de 25 centímetros y perforandolas en uno de los extremos. A continuación, con el cable hacemos una arandela por la que posteriormente coseremos la cuerda.

                                                         Piquita

 Ahora nos vamos al terrenos y empezamos a clavar cada una de estas piquetas formando el cuadro donde insertaremos los aros para minituneles. Nosotrxs los hemos puesto cada metro, a lo largo y a lo ancho.

Aro minitunel

Introducimos todos los aros para empezar a formar la estructura. Cuando ya estén todos pondremos otra piqueta a ambos finales del minitunel, como a unos 50 cm del centro del último aro para poder atar una cuerda que pasaremos uniendo todas las zonas más altas de cada uno. De esta manera iremos creando la tensión necesaria.

CONTINÚA EN EL ENLACE
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OTRO ASUNTO. Hoy en Perroflautas del Mundo:
El colegio milagro que revoluciona la educación en España



¿Por qué no arden los montes de Suiza y sí los del Bierzo?

Valentín Carrera | 22/05/2017. Las consecuencia de que la sociedad viva de espaldas al bosque  http://www.lanuevacronica.com/por-que-no-arden-los-montes-de-suiza-y-si-los-del-bierzo
 
Una cita académica (para impartir dos conferencias en la Universidad de Fribourg, sobre mi reciente viaje a la Antártida y sobre el viaje interior al Bierzo), me ha permitido gozar de la contemplación de un país cuyo paisaje emociona y enamora: Suiza.

Profundamente indignado por las oleadas de incendios que año tras año devastan Galicia y El Bierzo, y en especial por el reciente crimen ecológico contra la Tebaida, durante todo el viaje por Suiza no he podido apartar de mi mente la última estampa negra, cenicienta y humeante del Valle del Silencio, que había recorrido pocos días antes.

A medida que la ventanilla del tren —limpio, puntual y silencioso— me iba mostrando el paisaje del lago Lemans y la espléndida postal de los Alpes, no dejaba de torturarme con una sola pregunta, ¿por qué los bosques de Suiza no arden (y los de Galicia y El Bierzo sí)?

Una explicación simple sería porque en Suiza no gobierna el Partido Popular, pero no me gustan las explicaciones simplonas, como algunas que culpan del desastre a un imbécil con una cerilla y mucho viento. En Suiza también hay mucho viento, imbéciles e incendiarios, pero el monte no arde… porque las autoridades y toda la sociedad se lo toman en serio.

Con o sin cerilla, el bosque arde cuando está abandonado, como los montes bercianos, ignorados por una Consejería de la Junta de Castilla y León cuyo titular debería estar procesado penalmente por presunta prevaricación y negligencia, además de las responsabilidades políticas que requieren su dimisión (o, dado que aquí no dimite nadie, su cese inmediato y ejemplar por el presidente Herrera), como habría ocurrido en Suiza y en cualquier país europeo no tercermundista.

Un tercio de Suiza son bosques. En los últimos veinte años han sufrido una media anual de 90 incendios y 374 hectáreas. El incendio de la Tebaida cuadruplica todos los bosques quemados en Suiza durante un año. Algo estaremos haciendo mal como sociedad y algo estarán haciendo mal nuestros gestores autonómicos y locales.

El bosque suizo es una inmensa fuente de riqueza sostenible (cuando se lee el Plan forestal que el Ayuntamiento de Ponferrada guardó en un cajón desde 2008, se ve el potencial económico que hemos desperdiciado). El bosque crea miles de puestos de trabajo: 6.223 empleos directos, la mayoría a tiempo completo, en mano de obra forestal (nuestras famosas brigadas); y más de 80.000 empleos en la industria de la madera.

Los suizos consideran que la biodiversidad de sus bosques —más de 26.000 especies— es más importante que plantar pinos y eucaliptos, monocultivo incendiario. Desde pequeños, los escolares y las familias van una vez por semana al bosque, hacen allí sus cabañas y barbacoas, sin que pase nada. [Todos los datos en La forêt suisse en bref; y les invito a visitar la web www.lfi.ch, Inventario forestal nacional, para entender por qué los bosques suizos no arden].
Porque hay prevención diaria y permanente. Los bosques están limpios de maleza, no almacenan las toneladas de combustible que nuestros montes apilan en sus laderas. Porque la propia biodiversidad, frente al monocultivo eucalíptico o apocalíptico, frena e impide los incendios descontrolados. Tampoco es preciso ir a Suiza: estas cosas las supieron desde siempre nuestros abuelos, respetuosos con los bosques de acebos, robles, encinas, nogales y castaños. Créanme, es muy difícil quemar un bosque de acebos…

Los bosques suizos no arden porque, además de la educación ciudadana, del sentimiento de pertenencia común o colectiva (¡Ubuntu!: si todos ganan, tú ganas), hay una vigilancia permanente. Una vigilancia seria y eficaz, no el paripé nuestro, sin medios ni recursos, con promesas de cámaras y patrullas, reiteradamente incumplidas.

Los bosques suizos no arden porque nos llevan trescientos años de adelanto —la democracia más antigua del mundo— y un alcalde al que se le quemaran mil hectáreas en su municipio sería inmediatamente expulsado; y ningún juez suizo osaría archivar, sin investigar, un delito ecológico de graves consecuencias económicas y ambientales.

Contemplando el paisaje de postal entre Genève y Lausanne, entendí mejor, con envidia y con tristeza, por qué arde el bosque del Bierzo: porque llevamos décadas sin prevención ni vigilancia, sin ningún planeamiento forestal, despreciando (como nuevos ricos paletos que somos) el aprovechamiento económico sostenible de nuestros montes, apostando por repoblaciones salvajes, devastadoras; porque ha habido una absoluta dejación de funciones desde la Junta de Castilla y León en el ejercicio de sus competencias; pero también porque la sociedad berciana, a diferencia de la suiza, vive de espaldas a nuestros bosques. Por eso esta sección grita, ¡Arriba las ramas!
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OTRO ASUNTO. Hoy en Perroflautas del Mundo: Portugal. El imperio letal del eucalipto australiano



junio 21, 2017

Lista de los 10 alimentos más contaminados por plaguicidas

Aquí dejamos la lista de los 10 alimentos más contaminados por plaguicidas. Y para quien quiera ampliar info sobre disruptores endocrinos / Interruptor endocrino dejamos el enlace al estudio que hizo Ecologistas en Acción: https://libresdecontaminanteshormonales.files.wordpress.com/2016/10/informe-plaguicidas-2016-1.pdf

No hay texto alternativo automático disponible.  
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OTRO ASUNTO. Hoy en Perroflautas del Mundo: Las compañías que elegimos

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El secreto de todas las familias: la depresión

 Dos millones y medio de españoles sufren oficialmente depresión. El 40% no está en tratamiento por miedo al estigma de la enfermedad. -

El músico Iván Ferreiro en su estudio en Gondomar.
El músico Iván Ferreiro en su estudio en Gondomar. EL PAÍS

“Sal y cuéntaselo a alguien”. Fue la respuesta de Harvey Milk cuando un joven le preguntó qué podía hacer para conseguir acabar con el estigma de la homosexualidad. Cuarenta años después, el escritor Andrew Solomon hace suyo el consejo de la figura del activismo gay estadounidense pero para vencer otro tabú: la incomprensión y la vergüenza a la que se enfrentan aquellos que sufren una depresión. Solomon, escritor y profesor de Psicología en Columbia, lo ha convertido en una cruzada personal. Y lucha para romper el silencio que acompaña a un trastorno que afecta ya a dos millones y medio de españoles. Diagnosticados. Muchos ni siquiera se atreven a confesarlo.
“Hay muchas causas por las que en España el 40% de los pacientes con un trastorno depresivo mayor no está en tratamiento. Pero sin duda una es el estigma”. Antonio Cano es doctor en Psicología y catedrático de la UCM y en sus muchos años de práctica ha visto cómo funciona el círculo vicioso de la culpa. “Por un lado el paciente se aísla y por otro no se entiende lo que le pasa: que sufre algo que se llama depresión. El paciente no tiene información y la sociedad tampoco. Y la depresión es algo que nos puede afectar a todos”.
Andrew Solomon conoce bien ese peso. Porque también a él le sepultó. En 1993 sintió que había perdido el interés por la vida. Todo se le hacía un mundo. Escuchar los mensajes del contestador. Preparar la comida. Ducharse. A la depresión siguió una crisis de ansiedad. Y un día ya no pudo levantarse de la cama. Descubrió que el sinónimo de depresión no es tristeza, sino falta de vitalidad. Pero se puso en tratamiento y se recuperó. Y decidió estudiar lo que le había pasado para ayudar a otros. Escribió El demonio de la depresión. “Cada vez que alguien que ha sufrido una depresión se lo cuenta a otro estamos rasgando la cortina del secretismo. Aquellos que se ven confinados en el silencio tardan más en recuperarse. Debemos de convencerles para que hablen diciéndoles que hablar puede salvar sus vidas. Porque la depresión es el secreto de familia que todas las familias tienen”.
Este secreto de familia afecta ya a 322 millones de personas. Y va en aumento. Es una de las tres causas de discapacidad en el mundo. Y en 2030 será la primera. Por eso este año la OMS le ha dedicado el Día de la Salud con el lema “Hablemos de la depresión”. Pero hablar es lo difícil.
“La bola se va haciendo cada vez más grande. Te encuentras mal y la gente que te rodea no lo entiende. Y el Andrés que todo el mundo conoce se está quedando vacío por dentro. Eso es duro, muy duro…” El Andrés que se quedaba vacío por dentro era el mismo que un tiempo después llenaría a todo un país de felicidad con un gol que valía una Copa del Mundo. Andrés Iniesta. Le confió su viacrucis a los periodistas Ramón Besa y Marcos López. Cuando aparecieron sus memorias, La jugada de mi vida, la psicóloga que le había tratado vio como se multiplicaban las llamadas a su consulta. Explica que a muchos pacientes les ayuda ver que alguien a quien admiran sufre lo mismo.
Basta con recordar a Bruce Springsteen. También se atrevió a contar en su biografía, Born to Run, su batalla constante contra la depresión. El profesor Cano compara su sinceridad con la de Magic Johnson. “Lo mismo que en su día, Johnson le echó narices y cuando más estigma había con el sida le dijo al mundo tengo el virus, gestos como el de Bruce Springsteen pueden ayudar a quitar el estigma a la depresión”.
“Hay un punto en el que se pierde el mapa y se pierde la brújula y uno no sabe ni por dónde dar palos de ciego. Es el punto de absoluta angustia. Ahí no hay nada que uno racionalmente pueda hacer”. Así se sentía el escritor Luisgé Martín. Lo cuenta en El amor del revés. Un libro, dice él, impudoroso, con el que ha reventado candados y ha exorcizado demonios. La culpa. La vergüenza. El miedo. La pesadilla de ser homosexual en una España en la que era más que un pecado. La lucha de pasar por un proceso de depresión y sentirse incomprendido. “Comprar una pastilla para dormir en una farmacia es casi como antes comprar condones, que te sonrojabas. Uno tiene la sensación de que todo lo que le pasa es porque se ha comportado mal. Si eres depresivo porque no eres capaz de mirar de otro modo la vida”.
El músico Iván Ferreiro también dio palos de ciego contra la depresión sin saber qué le pasaba. Hasta que un ataque de pánico, en completa soledad en un apartamento de Buenos Aires, le empujó a pedir ayuda. Lo cuenta haciéndose un ovillo. Recuerda que llevaba años sin dormir. Obligándose a hacer cosas que no quería. Saliendo sin atreverse a mirar a la gente a la cara. Llegó a grabar un disco sin recordar después ni cómo ni cuándo. Pero no se ponía en tratamiento. “Hasta que el médico me llama y me dice: mira, tomas algo para la alergia todos los días, te echas un inhalador del asma todo el rato y me estás diciendo que no quieres tomarte esta pastilla”. Solo cuando empezó a comprender lo que le sucedía pudo ver la salida. “En las depresiones es muy importante el lenguaje. Y que alguien sepa explicarte con palabras lo que te está pasando y que te des cuenta de que en el fondo es como una puta gripe, una gripe de pesimismo y de falta de ganas. Pero te curas. La principal es rendirse y decir no puedo más”.
Poner palabras al dolor es la primera medicina. Lo saben los que lo han pasado. Que también saben que ese es el reto. Luchar contra el tabú. Romper el estigma. “Aprender a vivir es aprender a nombrar”, dice Luisgé Martín. Aprender a curarse es ponerle palabras al secreto de familia que todas las familias tienen. La depresión. La enfermedad que sigue avanzando en silencio.


"Haz lo que quieras"


Iván Ferreiro ríe cuando habla de sus amigos. De cómo le ayudaron a salir. Simplemente estando. Aguantándole. “Pero luego hay amigos que te joden mucho, con muy buena intención niegan tu depresión y te dicen: lo que te pasa es que te tienes que poner a trabajar, lo que tú necesitas es tener novia, es salir por ahí. Haz lo que quieras. Y haz lo que quieras es la mentira más grande que nos dicen las personas que nos quieren sin darse cuenta”.
El consejo bienintencionado se desliza a veces al territorio de la felicidad por decreto. Luisgé Martín tenía un buen amigo psicólogo con el que comentaba sus problemas. Y la respuesta siempre era la misma: lo que hay que hacer es no dejarse caer, levantarse. Y Luisgé se revolvía: “es como si voy al traumatólogo porque tengo la rodilla mal y me dice que lo que hay que hacer es andar. Pues no”.
“Hay que ser muy cuidadoso en cómo te haces cargo de alguien que sufre una depresión. No ayuda ser intrusivo. O imponer un régimen de falsa alegría. A veces la persona deprimida lo que necesita es alguien que se siente al otro lado de la puerta, a veces necesita privacidad”. Es la recomendación de Andrew Solomon: “Ama desde una distancia cuidadosa si eso es lo que tienes que hacer, porque aunque el amor por sí solo no puede curar la depresión, es la herramienta más cercana que tenemos”.

OTRO ASUNTO. Hoy en Perroflautas del Mundo: Rajoy no tiene ni un minuto en París para acudir al homenaje a Boix, el fotógrafo catalán de Mauthausen